Monday, May 29, 2006

Cada granito cuenta

Vida para una estrella de mar.

En un lejano paraje de sol y de paz se hallaba un escritor, de nombre Cronom, que vivía junto a un pequeño poblado de pescadores. Su vida era tranquila y gozaba del respeto y la estima de las personas que lo conocían. Cronom, amante de los silencios y de la contemplación de la naturaleza, todas las mañanas solía caminar al alba por la orilla del mar, observando el disco solar, que, pleno de vida y fuerza, le enviaba las más bellas inspiraciones.

Sucedió que un día, aparentemente como todos, paseando por aquella desierta playa, Cronom divisó a una joven que, por sus movimientos, parecía estar bailando sobre la orilla. Poco a poco, conforme se fue acercando, comprobó que se trataba de una muchacha que recogía las estrellas de mar que hallaba en la arena y que las devolvía al océano con gracia y ligereza.

-¿Por qué hace eso? - preguntó el escritor un tanto intrigado.

-¿No se da cuenta? - replicó la joven-. Con este solo de verano, si las estrellas se quedan aquí, en la playa, se secarán y morirán.

El escritor, sonriendo, contestó:

-Joven, existen miles de kilómetros de costa y centenares de miles de estrellas de mar... ¿Que consigue con eso? Usted sólo devuelve unas pocas al océano.

La joven, tomando otra estrella en su mano y mirándola fijamente, dijo:

-Tal vez, pero para ésta ya he conseguido algo... -y la lanzño al mar. Al instante le dedicó una amplia sonrisa y siguió su camino.

Aquella noche el escritor no pudo dormir... Cuando llegó el alba, salió de su casa, buscó a la joven en la playa dorada, se reunió con ella y, sin decir palabra, comenzó a recoger estrellas y a devolverlas al mar.

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